7 de septiembre de 2010

Él y Ella II (Negociación)

Ella se despierta, confundida. Tarda unos segundos en comprender que está en su departamento y al sentir el ardor en los labios todos los recuerdos acuden a ella de repente. No había bebido de más la noche anterior, era simplemente el efecto embriagador que él siempre le generaba.

Se levantó despacio intentando no mirar el cuerpo de ese hombre que descansaba ahora a su lado. Preparó té y se sentó lentamente mientas pensaba cómo había pasado esto. Decidió dejarlo dormir, dándose tiempo a acomodar sus ideas. Prendió su portátil y puso música bien bajo de fondo mientras revisaba el correo.

“Se escapó de una cárcel de amor, de un delirio de alcohol, de mil noches en vela…”

Y ahí estaba, considerando la posibilidad de que la cárcel esta vez sea perpetua, por reincidente.

Decidió ir a ducharse antes de enfrentarlo y se dirigió lentamente hacia el baño.

Él dormía desde hacía pocas horas, luego que ella se durmiera había pasado largo rato observándola. Pensar que hasta hacía menos de veinticuatro horas la recordaba como algo inalcanzable, que había perdido y no merecía recuperar y ahora yacía en su cama, en su casa. Su último pensamiento antes de dormirse fue que así dormida parecía igual de inalcanzable que antes y de repente le pareció mucho más hermosa.

Cuando ella salió de bañarse, él ya estaba despierto. De pie, en la cocina, sirviéndose café como si fuera su casa. Ella recordó que lo odiaba, se acercó lentamente, pensando la mejor forma de invitarlo a retirarse y dejar claro que no quería que vuelva, nunca más.

- ¿Café? – La pregunta la desconcierta

- ¿Qué?

- Que si querés café ¿Qué te pasa linda, seguís medio dormida?

Maldito. Su demoledora sonrisa le interrumpe los argumentos.

- Eh… Bueno… Dale.

Ella observó su espalda mientras él servía café, ahora para dos. Él sintió su mirada y sonrío, sabiendo que ya nunca la iba a perder.

- Mirá, todo bien con lo de anoche… pero…

- Pero nada – Él la interrumpe, sabe que si la deja hablar será demasiado tarde – pasó lo que queríamos que pase. No empecés a hacerte la cabeza desde ahora, dejemos que…

- Pero… No, esperá. – Lo interrumpe, sabe que si lo deja hablar la va a terminar convenciendo - No me estoy haciendo la cabeza. Te estoy avisando que esto no sigue, que ya está, que fue un error, que quiero que te termines el café y te vayas a tu casa y me hagas el favor de no volver, que…

Él ya está parado a su lado y se da cuenta más que nunca del daño que le hizo. Ella sabe que si él avanza un centímetro más estará perdida y el dolor del corazón y el ardor de los recuerdos se le mezclan en uno sólo, confundiéndola.

- Tranquila, está bien, si querés me voy a ir, yo sé que no tengo derecho a pedirte nada, no te pongas así. Tranquila, linda – Dice él mientras la acaricia y se da cuenta que la quiere más que nunca. Que lo último que quiere es irse.

- ¿Te vas a ir? ¿De verdad después de esto te vas a ir? – Suena desesperada, lo sabe y pasa de odiarlo a él a odiarse a ella misma.

- Sí, si es lo que querés me voy. Tomate el café, dale. No me voy a ir si estás así.

Y antes de la segunda taza de café, por alguna razón se encontraba de nuevo en sus brazos, la cocina se había transformado en la cama y no recordaba ya porque le había pedido que se vaya.

1 comentario:

Jaki dijo...

Quiero la 3ra.
Plagiadora ¬¬ jajajaja
Te amo hermana.-