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23 de julio de 2009

Yo te avisé

Y sí, yo te avisé. Te dije que esta situación me ponía nerviosa. Que había días que me iba a costar más que otros hacer de cuenta que no me importa no saber qué somos.
Intento dejarme llevar por tu abrazo, distraerme en tu boca, concentrarme en tu sonrisa. Pero, inevitablemente llego a la misma pregunta, al mismo punto. Y es que no entiendo y lo que no entiendo me desestructura y no me gusta.
Seguramente estoy pecando de inconformista. Con todo derecho me pueden decir que antes me quejaba de que los dichos no se reflejaban en los hechos y ahora me quejo de que los hechos no se reflejan en los dichos. Sí, probablemente se me pueda acusar de padecer cierto grado de histeria femenina.
Pero no es inconformismo, ni histeria. Es simplemente que no quiero una de dos. Es cierto que prefiero hechos a palabras, pero no bastan sólo los hechos si el discurso dice todo lo contrario. No bastan. A esta altura juego por todo o nada.
¿Qué me garantiza que te vas a quedar? Si tus palabras te desligan de toda responsabilidad y te hacen inmune a todo reclamo.
El punto es que ya no quiero más incertidumbre, que por más que quiera dejarme llevar, distraerme y concentrarme en otra cosa ya no puedo ignorar el miedo que me susurra al oído.
Así que, si bien no es mi intención apurarme ni deshacer la magia del momento, es hora de que volvamos a tener esa conversación y decidas si vas a hacer caso de los hechos o vas a acatar coherentemente tus palabras.
Notaste los golpes antes de que decidiera mostrártelos, tomaste la iniciativa de curar una a una mis heridas. Notaste cuán condicionada estoy a que me rompan el corazón. Te dije que no iba a ser fácil eliminar el acto reflejo de resistirme y cerrarme a la posibilidad de tu cariño. Te dije que no me gustaba caminar sin saber a dónde voy o por dónde camino. Pero cada abrazo y cada dicho me fue distrayendo de que nada de lo que dijiste en un principio había cambiado. Pero llego al punto en que ya nada me distrae del miedo, el estimulo me suena conocido y si sigo así la única respuesta posible es dar marcha atrás, volver a punto cero. Y bien sabés que no lo puedo volver a resistir. Vas a tener que decidir, mi amor, y no me podés decir nada, en última instancia, yo te avisé.





"¿Qué esperás? Mostrame todas las cartas. A cara de perro yo no sé jugar..."

13 de junio de 2009

Honestidad brutal II

Y de repente, entre filósofos y citas de Freud me quedo sin palabras. Mi silencio te invita a la pregunta. Sos lo suficientemente observador y ya notaste el leve temblor en mis manos y cierta compulsividad en la última pitada a ese cigarrillo. Despacio, dulce, me invitás a la respuesta.

No, no debo, habíamos quedado en no apoyar el sincericidio. Repregunto. Tomá, sos vos ahora el que me tiene que responder.

Y respondés.

Y una a una tus palabras se van marcando en mi corazón. Una a una tus palabras me confirman que tengo que aprender de los golpes.

Abrís una puerta que siempre tenías con candado. Tirás abajo mis hipótesis y parte de mi ilusión. Pero tus ojos se corresponden con tus palabras y sé que estás diciendo la verdad.

Y así, una a una, tus palabras tal vez no son lo que hubiera querido, pero son sinceras y la verdad es un bálsamo a las heridas, una forma de atar a los miedos.

Y cuando me quise dar cuenta me envolvieron tus caricias y tus confesiones y estoy hablando más de la cuenta. Para cuando reaccioné ya sabías de mis más profundas cicatrices y los secretos que guardo con más recelo.

Cuando me quise dar cuenta no habías salido corriendo y sonreías.

Ninguno de los dos sabe qué va a pasar de ahora en más, pero me tomaste la mano y decidiste descubrirlo conmigo. Y si bien los miedos me llaman y me dicen que me quede donde estoy, que la calle es peligrosa, tu mirada me invita a seguirte, a dejar que me lleves a lo más arriesgado del azar. Pero sé tus cartas y vos sabés las mías, y así no hay forma de perder.

No puedo predecir el futuro pero sé que no me vas a dejar volar más de la cuenta si sabés que después no me podés sostener para que no caiga.

Quién te dice, tal vez, estamos tomando la decisión correcta y todo llega a buen puerto y lográs que cierren mis heridas. Quién te dice y logro abrir tus puertas y que me dejes vivir ahí.

O tal vez no y un día decidimos que no sabemos qué hacer con los miedos. Quizás un día ya no querramos saber cómo manejar la incertidumbre.

Nuestra total honestidad me dejó un sabor agridulce y probablemente hoy tenga más miedo que ayer. Pero quiero jugar con vos y vos querés jugar conmigo.

Juguemos, en una de esas ganamos los dos.

¿Quién sabe?

2 de junio de 2009

Honestidad brutal

Yo sé que no debo hacer esto, que tengo que esperar, que en el fondo sé que te diste cuenta de todo y te animaste igual. Pero es que no soporto la ansiedad y no puedo esperar a que me descubras para que decidas si te quedás o no. Necesito que lo sepas ahora. Que sepas que tengo pánico de quererte. Que sepas que a veces me acuerdo que soy hija única y me pongo caprichosa. Que sepas que si te extraño y te quiero te lo tengo que hacer saber, las veces que sea necesario. Que sepas que podés hacerme feliz con un simple mensaje, con cualquier tipo de contacto, aunque sea una vez al día. Que sepas que los días de lluvia me hacen reclamar más cariño que los días de sol. Que sepas que tengo manías que no negocio y vas a tener que aceptar. Que sepas que no me importa cuántas veces por día me lo repitas, nunca voy a estar del todo segura de lo que me querés y vas a tener que recordármelo cada vez que puedas. Que sepas que no soy celosa, que no me molestan tus amigas ni que salgas, siempre y cuando aunque sea por medio segundo hayas pensado en mí. Que sepas que me encanta tomar mate a la mañana sentada en la cocina. Que sepas que con que vengas a casa de vez en cuando y te sientes en la mesa al lado mío estás logrando que me enamore cada vez más. Que sepas que tengo miedo, insisto, mucho miedo, que no sé cómo manejarlo. Que sepas y seas consciente de todo esto, porque si te empeñás en que me enamore de vos y lo lográs te vas a tener que quedar conmigo para prender la luz y decirme que estás ahí cuidándome.
Y sé que si te digo todo esto vas a salir corriendo, pero yo te juro que no estoy loca, es simplemente que tengo que hacer un chequeo general antes de darle el alta a mi corazón y dejarlo que se vaya con vos. Y no sé esperar. Nunca supe y de paso, enterate, no voy a saber. Cada vez que te veo estoy al borde de decirte todo esto y agregar el plus del único secreto que no podés adivinar. Pero cuando estoy a punto de hablar es cuando levanto la vista, y me doy cuenta que me estabas mirando y tu sonrisa me calla al instante, dándome a entender que ya sabés lo que tenés que saber y, por suerte, evitás que diga lo que no tengo que decir y me tranquilizás con una caricia, diciendo sin saberlo que todo va a estar bien.



[N. del A.: A pesar de todo, sigo tendiendo una gran tendencia al sincericidio.]