16 de enero de 2009

Olvidos

Me había olvidado. O quise convencerme de que ya no funcionaba. No lo tuve lo suficientemente en cuenta.
Me había olvidado de tu capacidad innata para romperme el corazón. Quise creer que tus enormes habilidades de fabricarme el mundo y destruirlo en un segundo ya habían caducado.
Qué ilusa que fui.
No sé si sería justo enojarme con vos. Fui yo la que se olvidó. La que no quiso ver. La que se autoconvenció de que esta vez no ibas a ser capaz.
Es hasta gracioso. ¿Por qué no ibas a ser capaz? Porque se supone que me querés? Querer me quisiste siempre, y eso nunca te impidió nada.
No dejás de asombrarme, de todas formas. Es para aplaudirte, verdaderamente. No cualquiera tira todo lo que siente en un rincón como si no existiera. No cualquiera es capaz de lastimar tanto a una sola persona en toda una vida. No cualquiera es capaz de destruir a la que supuestamente es una de las mujeres más importantes de su vida.
No quiero autoconvencerme de nada, no quiero pensar si mis lágrimas te duelen igual que a mí me duelen las tuyas. Muero un poquito cada vez que te veo mal. Pero no me interesa ahora pensar si vos también o si aunque sea te da un poco de cosquillas. Es problema tuyo.
¿Sabés por qué? Porque tantos años sirven para algo. Y por más que mi almohada hoy todavía esté húmeda, tengo una fuerza que antes no tenía. Ya sobreviví a perderte una vez. Puedo llorar tres noches seguidas, por haberte perdido, por tu infinita cobardía. Sí, querido, no me vas a echar la culpa de esto. No me vas a dejar por haberme enamorado un poco más de lo que sos capaz de tolerar. No me vas a dejar por seguir lo que siento. Me vas a dejar porque sos un cobarde, lisa y llanamente.
Y para miedos me alcanza con los míos.
Así que, como te decía, puedo llorar tres noches seguidas, maldecirte hasta decir basta, romper lo que tenga a mi alcance, inundar mi casa y empapar a quien sea que se me acerque. Pero no me vas a ver caer. Porque después de todo, las lágrimas se terminan secando, se me acaba el repertorio de insultos y todo lo que rompí se puede arreglar.
Quedate tranquilo, lo que vos rompiste también se puede arreglar. Y una cicatriz más o una menos en mi corazón ya no me quita el sueño. Puedo renacer una y mil veces, con o sin vos.
Ojo, no te confundas, mi amor, no me estoy haciendo la fuerte, no intento hacer de cuenta que nada me duele. Porque te aseguro que esta vez el dolor es mucho peor.
Y cuesta mucho caminar con el corazón destruido.
Lo que intento decirte, es que por más que me duela, por mas que llore y te extrañe a rabiar… Tarde o temprano mi cuerpo se va a acostumbrar a no tenerte, mi corazón se va a acostumbrar a latir y que no sea por vos, mi alma va a dejar de esperarte, y el sol va a seguir saliendo, todos los días, por el mismo lugar, estés vos o no para verlo conmigo.
Te felicito, amor, finalmente entiendo que tenías razón, tus habilidades están intactas y ya no me queda duda de eso.

1 comentario:

Jaki dijo...

Nadie nunca te verá caer, porque siempre, no importan los obstáculos, voy a estar ahí para agarrarte la mano.